Cambiar O No Cambiar Regímenes, Esa Es La Cuestión

El presidente Barack Obama, tras asegurarle a su amigo John Kerry que Cuba, últimamente, se comporta dulcemente, como el Vaticano, eliminó a la isla de la lista de países que colaboran con el terrorismo.

Era previsible. Obama había advertido en Panamá que su gobierno renunciaba al cambio de régimen. La lista de países vinculados al terrorismo formaba parte de esa estrategia. Era un sambenito político destinado a infamar adversarios en el largo camino del desplazamiento.

No obstante, se trataba de una descripción justa. La isla lleva décadas colgada del brazo de la peor gente del planeta: desde Carlos el Chacal hasta la adiposa dinastía real norcoreana, pasando por Gaddafi y las narcoguerrillas colombianas, pero el deseo de Obama es olvidar los agravios y comenzar una nueva vida.

Pronto devolverá la base de Guantánamo. Eso estaba previsto en la Ley Helms-Burton cuando Cuba fuera libre, pero Obama no quería esperar la llegada de tan incierta fecha. Solicitó a un bufete amigo un informe legal sobre sus prerrogativas para desprenderse del territorio y lo obtuvo.

El segundo paso será recibir de la Marina un memorándum en que se explique que, en efecto, la base es costosa y tiene escasa utilidad militar. Opinarán que puede y debe clausurarse.

El tercero será relocalizar o liberar a los prisioneros islamitas acusados de terrorismo. No es extraño que el acuerdo incluya el compromiso de que, por un periodo, el territorio no sea utilizado como base militar.

En rigor, todo esto es escasamente importante, salvo un dato clave: la cancelación de la voluntad estadounidense de cambiar los regímenes enemigos y sostener a los amigos con los que hay coincidencias de valores e intereses. Esa es una modificación sustancial de la visión y la misión internacional de Estados Unidos (EU).

Hace 70 años que en Bretton Woods, New Hampshire, F.D. Roosevelt asumió la cabeza del mundo democrático que creía en la libre empresa. Esa responsabilidad, aceptada cuando los nazis daban las últimas boqueadas, primero fue económica –de eso se trataba Bretton Woods–, pero luego la completó Harry S. Truman en el terreno político tras el sordo estallido de la guerra fría.

En esencia, los objetivos de ese conflicto consistían, ante todo, en tratar de cambiar a los regímenes enemigos y de sostener a los amigos porque se pensaba que era un juego de suma-cero. Lo que perdía Occidente lo ganaba la URSS y viceversa. A eso, entre otras funciones, se dedicaban la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Departamento de Estado, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el Plan Marshall, la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), la Voz de América (VOA), la Organización de Estados Americanos (OEA), la Agencia Estadounidense Antidrogas (DEA) y el resto de las aguerridas siglas del mundillo financiero. Era parte de su misión.

Dentro de ese esquema, Washington sostuvo a Grecia y a Turquía, reconstruyó a Europa occidental y Japón, frenó y deshizo la invasión de Corea del Norte a la del Sur, impidió que Italia y Francia fueran controladas por los comunistas, pero no que Vietnam les ganara una guerra devastadora. Contribuyó a dar un golpe antisoviético en Irán, derrocó a Jacobo Arbenz en Guatemala y, lateralmente, a Salvador Allende en Chile.

Perdió, sin embargo, en Cuba, y por no revertir esa derrota volvió a perder en Nicaragua, en Angola y en Etiopía, porque Cuba era un nido de ametralladora en movimiento al servicio del totalitarismo y del propio instinto aventurero de Fidel Castro, una especie de Napoleón caribeño, incansable y fecundo, capaz de parir en la vejez, ya medio muerto, a Hugo Chávez, al Foro de Sao Paulo y al Socialismo del Siglo XXI.

Obama tiene al menos dos graves problemas con su anulación de la voluntad estadounidense de cambiar y sostener regímenes. El primero es que casi todo el aparato burocrático estadounidense, dedicado a proyectar el poder de Washington en el extranjero, ha sido concebido y moldeado para apoyar a los amigos y tratar de reemplazar a los enemigos. No es fácil detener la inercia que se genera durante siete décadas de instituciones y leyes.

Y el segundo, y más importante, es que, aunque Obama cancele unilateralmente su enemistad, aunque cierre los ojos, como los niños dedicados a la magia, y decida que los enemigos de EU han dejado de serlo, los adversarios de la democracia, el pluralismo y el mercado seguirán combatiendo para cambiar regímenes, como sucede en América con la sagrada familia neopopulista de la Alba, o como ocurre en el Medio Oriente con Irán, que desestabiliza a Yemen, conspira en la Franja de Gaza y amenaza a Israel con destruirlo y lanzar a los judíos al mar.

Es posible que Obama haya decidido dejar de cambiar o apoyar regímenes. Sus enemigos, muy felices, piensan otra cosa. Para bailar este tango también hacen falta dos.

Una Corrupción Interminable

El deber de todo medio de comunicación social es investigar y llegar hasta la verdad. Así lo demanda la sociedad, en un Estado democrático. Ante el estupor nacional que ha ocasionado el alcance del tema de Cobranzas del Istmo, este diario asumió con responsabilidad su papel investigando a fondoy ha cluido que en Cobranzas del Istmo todos los caminos conducen al exministro de Economía y Finanzas Alberto Vallarino. Es oportuno aclarar que cada vez que hemos publicado alguna información sobre Cobranzas de Istmo vinculada al exministro Vallarino, se ha solicitado su opinión; por tanto, es falso que no se le haya contactado. Solo en una ocasión remitió un escueto comunicado. Su estrategia ha sido tratar de desvincularse de Cobranzas del Istmo, como si los panameños fuéramos los ingenuos de la patria boba y creyéramos que el superior directo y su hombre de confianza —como ha admitido— el exdirector de Ingresos Luis Cucalón, no lo tendría informado de una contratación de esa envergadura. Alberto Vallarino Clément era el ministro del MEF, él instruyó a Cucalón para firmar el contrato con Cobranzas del Istmo. No firmó el contrato —como alega en una defensa pueril—, pero participó en su ideación, lo discutió, dio instrucciones, lo autorizó y firmó dos resoluciones fijando la fianza de cumplimiento de la hoy inconstitucional contratación para recaudar impuestos.>p< Señor Vallarino, usted le debe una explicación al país. Dé respuestas, en lugar de estar amenazando a accionistas de este diario. Conminamos a las autoridades a que no sean cómplices y no tengan miedo de investigar este caso. Hay que llegar hasta la repartición de dividendos en Cobranzas del Istmo, porque la verdad debe salir a la luz. Los panameños merecemos que se llegue hasta las últimas consecuencias tras haber descubierto el estado de vergonzosa delincuencia que cundió en el gobierno anterior. ¿Quién se traga el cuento de que un ministro de Economía y Finanzas no va a estar enterado de quién era Cobranzas del Istmo y que no conocía a su presidente, cuando él era quien le entregaba los nombres de los deudores del Estado? Los panameños sabemos ahora que, hasta de una empresa en la que el Estado es el dueño del 100% de las acciones, se cobraron millonarias comisiones. ¿Cómo pretender que pasemos la página sin que el caso se aclare plenamente?>p< Señor Vallarino: este diario —en nombre de Panamá— le exige responsabilizarse de sus actos y dar explicaciones para disipar todas las dudas.

 

Pandillas Y Política

Las pandillas criminales han existido desde tiempos inmemoriales y su vinculación a la política es moneda corriente. En Asia, durante siglos, por el terror han cogobernado la Yakuza japonesa y las Tríadas chinas. Hace 2 mil años el mundo “civilizado” era controlado por los emperadores romanos y sus legionarios de la península itálica. Paul Veyne (1930), historiador, expone que para Julio César, Calígula, Nerón, etc., el asesinato, la estafa, la violencia sexual, el robo no eran delitos penales y si la víctima pertenecía al populacho, esclavos o poblaciones conquistadas por Roma, ¡mala suerte!

Salvo matices de credo no hay diferencia entre sir Henry Morgan del siglo XVII y los fundamentalistas del Estado Islámico o los nigerianos de Boko Haram. Hordas sanguinarias, ávidas de poder y riqueza, también mandan en el norte de Europa, en comunidades rusas, ucranianas, lituanas, armenias. Fiel copia de sus maestros Provenzanno, Caponne, Mazzini. Ocasionalmente, las noticias nos tocan de cerca, asustan y asombran personajes de película como el invitado del expresidente Ricardo Martinelli, huésped del Estado panameño hace cuatro años, el primer ministro italiano Silvio Berlusconi que caminaba junto a Valter Lavitola y su copartidario mafioso, el senador Marcelo Dell’Utri, ambos reos de Roma.

En América Latina el crimen organizado tiene otros antecedentes, surge a mediados del siglo pasado con la industrialización de la cocaína manejada por carteles colombianos encubiertos tras ideologías políticas, que van desde los extremos de derecha hasta la izquierda marxista. La narcoguerrilla organiza pandillas de niños y adolescentes, los envicia y transforma en mulas y sicarios. La cocaína, literalmente, ha empolvado América Latina saltando a Estados Unidos donde carteles colombianos y mexicanos comparten el negocio, desde California hasta New York, con las ocultas mafias herederas de los Maranzano, Bonanno, Lanski, Gotti.

En los países infectados por el crimen organizado, los carteles se protegen colocando topos en cargos clave. En la PTJ, en el año 2005, se destituyó a R. Harris, jefe de Narcóticos; en 2006 ocurrió el asesinato, por encargo, del investigador Franklin Brewster. En 2007, se destituyó al mayor de Veraguas O. Herazo; en 2014 el fiscal de Drogas, Javier Caraballo destituyó a cinco de sus funcionarios, y en marzo pasado el jefe policial Omar Pinzón comunicó arresto a dos capitanes que pasaban información clasificada a narcos. ¿Se puede calcular cuántos topos permanecen encubiertos?

En otra fase del crimen organizado, estamentos políticos corruptos asaltan gobiernos y reclutan mafiosos de cuello blanco para cometer acciones de peculado, tráfico de influencias, blanqueo de capitales y otros “deslices” financieros, como el uso de información privilegiada y espionaje electrónico para extorsionar y amedrentar, amasando enormes fortunas en beneficio de los tiburones blancos, que nadan felices en el mar de la corrupción. Y si quedan al descubierto, si los asuntos de Estado van mal, hinchados de billetes, escapan a las aguas profundas, en tanto las sardinas quedan varadas en el charco agitando las colitas modulando un sonoro gluglú.

 

 

 

Para Gobernar Pensando En Panamá

Es deber gobernar pensando en Panamá. Analicemos brevemente el enunciado. Para que un gobernante democrático trate de actuar con visión de Estado, vale decir, si entiende y está convencido de que debe dar primacía a los intereses del país y no a los intereses personales, familiares, de amistad ni a los de un grupo de presión, aunque este sea su propio bloque político o incluso su partido, es necesario que tome algunas decisiones difíciles, incluso a veces impopulares, con miras al bienestar común a largo plazo. ¡Ese es el sacrificio que debe hacer todo buen gobernante!

Los principios y valores que inspiran a un gobernante responsable determinan su manera de entender el bien común, pero no resuelven automáticamente las dificultades. Se puede estar bien inspirado y al mismo tiempo equivocarse en el diagnóstico de los problemas o escoger los instrumentos menos adecuados, para resolverlos. Para gobernar eficazmente se requiere claridad de objetivos, pero también flexibilidad en los medios para conseguirlos. En el pasado, tuvimos gobernantes y estadistas ejemplares, tales como Belisario Porras, Harmodio Arias Madrid, Enrique Adolfo Jiménez, Ernesto de la Guardia Jr. y Roberto F. Chiari. Todos ellos son gratamente recordados, porque lograron avances significativos en la consolidación institucional, social y económica de la Nación panameña, incluyendo también entre sus logros el mejoramiento de la educación nacional.

Cabe mencionar que respecto al deterioro de la educación durante los últimos 15 años, correspondiente a las administraciones de los periodos de Gobierno 1999-2004, 2004-2009 y 2009-2014, esos Gobiernos, en su intento de avanzar en el mejoramiento de la educación, transitaron por caminos llenos de baches, en los que la posibilidad de perder el rumbo ha sido muy alta. Pero las dificultades se han agravado últimamente, debido al déficit que muestran quienes dirigen los rumbos de nuestro país en materia de política educacional. Un asunto tan complejo como el de la educación, lejos de atenderse seriamente con sentido de planificación pedagógica, se ha tratado mediante reformas más bien cosméticas, que, si acaso, permiten disimular que el tema ha quedado al garete, lo que ha creado un caldo de cultivo para muchas consignas extemporáneas o simplemente demagógicas.

Ha hecho falta hablar con los maestros, profesores y estudiantes de todo el país, incluso con los padres de familia o tutores, para que todos ellos aporten y reciban información sobre los problemas educativos. Es evidente que en lo que atañe a los maestros y profesores la desinformación ha sido muy grande, y que los líderes de los gremios docentes han perdido la fe y la credibilidad en las autoridades del ramo educativo, incluyendo ministros, viceministros, directores regionales, administrativos, técnicos, incluso directores de colegios y escuelas. No cabe duda de que el país necesita un nuevo marco institucional para materializar los cambios educacionales.

Por cierto, ninguna ley resolverá los problemas de la desigualdad social, que también son causa básica de las dispares oportunidades educativas. El asunto es cómo disminuir las brechas en el sentido de mejorar sustancialmente la enseñanza en las escuelas y colegios oficiales. No bastan los discursos generales sobre la justicia social, la pobreza, la libertad o el progreso. Hay que buscar la forma específica de avanzar hacia los objetivos en las condiciones de un régimen democrático.

El Gobierno, independientemente de quien lo lidere, debe hacer los mayores esfuerzos de diálogo y entendimiento con los educadores, pero su obligación es sacar adelante las iniciativas: seguir incrementando el gasto público en educación; establecer un buen servicio de supervisión escolar; mejorar la gestión de los colegios; elevar la calidad del desempeño de los maestros y profesores; seguir dignificando la carrera docente mediante nuevas mejoras en remuneraciones; reforzar las buenas experiencias metodológicas en la sala de clases; actualizar la carrera de pedagogía, etc.

Las transformaciones educacionales son parte de la agenda social, es decir, se vinculan a la posibilidad de ensanchar el horizonte de los hijos de las familias de los estratos socioeconómicos bajo y medio, para que ellos tengan oportunidades que no tuvieron sus padres ni sus abuelos.

¡La Patria y nuestro régimen democrático reclaman con urgencia una auténtica educación integral panameña!

MAESTRO DE CIUDADANOS

¿Accesibilidad, Mejora O Detrimento?

En medio de la discusión sobre si el consumidor tiene derecho, o no, a contar con un lugar para estacionar su automóvil (de forma gratuita) en los comercios a los que se dirige, los desarrolladores de bienes raíces proponen edificar proyectos de propiedad horizontal que no cuentan con áreas de estacionamiento, en la zona de influencia de la línea uno del Metro. Esto con miras a favorecer el uso del transporte masivo, en vez del vehículo particular.

Sustentan esta propuesta en experiencias similares de otros países en los que medios de transporte, como el Metro, tienen buena aceptación, igual que aquí. Las motivaciones de fondo quizás serán temas como que al no ofrecer estacionamientos se contará con mayor metraje para uso residencial o comercial o, tal vez, que se podrá bajar el precio por metro cuadrado. Al tratar de visualizar estos proyectos, tuve que ubicarme en el recorrido de la línea uno, que corre a lo largo de áreas de por sí saturadas y con problemas de falta de estacionamientos. Al imaginarme cuál sería el tipo de publicidad de estos proyectos, pensé en frases como: “Amplios locales para negocios dirigidos a peatones únicamente” o “residencias para personas sin aspiraciones, que quieran depender del transporte público toda su vida”.

Comparando la realidad de nuestra ciudad y la de Londres, Santiago o el D.F. en México, vemos que en ellas la aceptación o rechazo de este tipo de iniciativas estuvo ligada a aspectos como la cultura del país, el nivel de desarrollo de la planificación urbana y sus sistemas de transporte, o a la seguridad. En Panamá hay áreas en que los espacios para estacionar son escasos, y los usuarios de los comercios cercanos ocupan los de otros locales que sí han hecho una inversión para adquirirlos. También se utilizan las avenidas como aparcaderos, obstaculizando el tráfico. Es un hecho que en nuestro país la mayoría de las personas que utiliza el transporte público lo hace por necesidad, no porque les guste. El Metro ha sido un excelente avance en términos de disminución del tiempo de traslado, pero el resto de los problemas, como apiñamiento y robos, se mantiene. Por esa razón, aunque sea un medio conveniente no es una opción apetecible para quienes pueden contar con un automóvil, y a pesar de que se construyan edificios sin estacionamientos, los conductores (sean residentes o clientes) buscarán la forma de acceder, ubicando sus vehículos en los sitios menos convenientes. Aunque este tipo de concepto pudiera tener ventajas, analicemos lo ocurrido en las áreas que resultaron afectadas negativamente durante la construcción del Metro y busquemos que su aprobación o rechazo se dé, pensando en el bienestar real de todos, sin agravar un problema ya existente.

Que Se Rectifique Desde Arriba…

El nepotismo hace daño a los Gobiernos, además del que hace al Estado en sí, pues pierden la confianza de la sociedad que ve en tal práctica una amenaza. Un problema de gobernar después de una administración como la Martinelli, es que la principal razón de haber ganado las elecciones fue que el pueblo votante no quería que continuara la remecida que sufría el Estado por todos lados. No se puede venir a repetir lo mismo por lo que se hizo una campaña intensa y decidida, casi que no a favor de candidatos, sino en contra de la continuidad de un Gobierno al cual se percibía como uno con altísimos niveles de corrupción. Ojalá los casos de nepotismo, como otros tipos de corrupción, que se den en este Gobierno sean resueltos inmediatamente. Que el presidente de la República no tarde en tomar una decisión, como en el caso del exdirector del IMA, Edwin Cárdenas, a quien debió destituir no bien terminó de admitir los casos de nepotismo en que había incurrido. Siempre habrá corrupción… para hacer la diferencia, hay que proceder enseguida se detecte a corregir la situación.

Lo positivo de la Séptima Cumbre

La opinión casi unánime, dentro y fuera del país, es que la VII Cumbre de las Américas fue el éxito esperado por décadas. Lo fue para un sistema interamericano con renovadas esperanzas; lo fue para los participantes que vinieron a escuchar, más que a agredir; lo fue para los integrantes de foros paralelos, cuyas conclusiones ratificaron las aspiraciones de los pueblos americanos.

Fue un éxito para todos los panameños que mostraron civismo. Fue un éxito para nuestros gobernantes, desde un presidente y una primera dama empeñados en enseñar los mejores valores del panameño y una vicepresidente capaz de dirigir la organización eficiente del evento, hasta el más humilde colaborador en tamaña empresa. La calidad y buen gusto de todo lo panameño presentado nos llena de legítima satisfacción.

¿Qué ganó Panamá con estas reuniones que costaron B/.15 millones al Estado y otro tanto al sector privado, según la Cámara de Comercio, por la paralización de actividades económicas esos días? Si nos limitamos a flujos de efectivo, basta con citar a empresarios del sector turismo que calcularon en más de B/.100 millones lo gastado por los visitantes extranjeros. Eso fue bueno y los beneficios no quedaron ahí.

Panamá proyectó al mundo el ambiente de libertad, tolerancia y democracia que respiramos. No fue una careta colocada en ocasión de las visitas extranjeras; las confrontaciones violentas que se escenificaron por razones políticas entre grupos visitantes comprueban el valor de lo que tenemos. Sobre todo, lo que debemos cuidar.

Panamá proyectó al mundo el espíritu y energía de progreso y desarrollo que tenemos. La firma de un contrato privado, en presencia de los presidentes de Estados Unidos y Panamá, por un valor que excede el costo de la ampliación del Canal, demuestra la capacidad empresarial del panameño y es un rotundo mentís a quien osó desfigurar el origen de los capitales que ayudan al crecimiento del país.

Panamá se proyectó al mundo como un destino turístico atractivo. El solo hecho de poder alojar a autoridades extranjeras de tanto alto rango y, al mismo tiempo, a otros tantos miles de visitantes con una oferta hotelera de primer mundo, no puede dejar dudas de que estamos preparados para ofrecer hospitalidad de calidad. Añadamos las imágenes enviadas al exterior de nuestra cocina, nuestros artistas, nuestro folklore, nuestra música, nuestro deporte, nuestros grupos originarios, nuestra historia colonial, nuestro canal y su ampliación, nuestra juventud que se prepara para el futuro, nuestros estamentos de seguridad que respetan la libertad de expresión.

Nada de eso tiene precio. Como tampoco tiene precio lo que hemos aprendido de nosotros mismos, porque ciego es quien no quiere ver que respiramos libertad. Tenemos muchas necesidades y carencias y, precisamente el tema central de la Cumbre propuesto por Panamá, apunta al derecho que tenemos todos de aprovechar y beneficiarnos del desarrollo económico que disfrutamos. Por eso igualmente pertinentes fueron las discusiones y conclusiones de las cumbres paralelas de juventud, de rectores, de sociedad civil, de los Pueblos y la empresarial; en ellas hay muchos objetivos en los cuales se centrará el Gobierno panameño.

No importa que no se haya firmado una declaración final de la VII Cumbre; muchas veces resultan frases muertas. Lo importante es el espíritu que nos queda y la energía que cada mandatario se lleva. A muchos nos quedó el espíritu visionario de líderes como Barack Obama, Raúl Castro y José Manuel Santos, que señala nuevos caminos. Y el de Juan Carlos Varela, que nos hizo sentir orgullosos de nuestra nacionalidad.

Ya retornamos a la realidad de nuestros reconocidos problemas. Debemos enfrentarlos con renovada inspiración.

Y Después De La Cumbre ¿Qué?

Sin lugar a dudas, el consenso general fue que nuestro país aprobó con nota sobresaliente su compromiso internacional en la organización de la VII Cumbre de las Américas, calificada por muchos como la mejor. Esto evidencia nuestra capacidad de alcanzar grandes objetivos estratégicos cuando el Gobierno y el pueblo trabajan juntos.

Quedó en evidencia que esta región es la más inequitativa del mundo, que no somos pobres pero sí incapaces de hacer que el bienestar le llegue a todos, por lo que muchos de los discursos, las promesas, los compromisos y los sueños expresados coincidían en buscar “prosperidad con equidad” para nuestros pueblos. En algunos casos hubo coincidencia, en otros no, pero en lo que sí hubo unanimidad de criterio fue en darle a la educación un rol protagónico, por ser la herramienta más eficaz para derrotar a la pobreza.

Nuestro Presidente rebasó la lírica del discurso al proponer la realización, por primera vez, de la Cumbre de los Rectores con la participación de más de 400 universidades del continente. Ese escenario retomó los viejos y nuevos compromisos que demandan otra dimensión de la educación superior, como responsable de formar a los que esculpen al futuro de la patria, es decir a los niños, y a todos aquellos que desde diversos ángulos del desarrollo construyen las naciones.

Se concluyó que es imprescindible aumentar la cobertura y la retención, además de llevar educación a la gente que no puede ir a los centros educativos, para incrementar la cantidad de jóvenes que se gradúan y mejorar la calidad de lo que se enseña. Algo que debe ser tan dinámico como los cambios que vive la humanidad.

Nuestras universidades deben ser pertinentes y jugar ese papel en la solución de los problemas sociales; fortalecer la investigación e incrementar la cantidad de doctores (PhD) entre los profesores, de esta manera serán generadoras de conocimiento, no solo transmisoras de estos, y estar estrechamente vinculadas a los sectores productivos comprometidos por llevar conocimiento por igual, especialmente, a los sectores desfavorecidos.

Como país, debemos promover la ciencia y la innovación para que los niños aprendan jugando y sientan amor por las ciencias, tan fundamentales para el desarrollo de los pueblos. Debemos apoyarnos en otras universidades más internacionalizadas, con mentalidad global, que participen activamente en las redes de investigadores y estimulen el intercambio fluido de ideas, conocimientos y cooperación entre ellas, así como con las empresas y el Gobierno.

Es impostergable actuar y desarrollar políticas públicas que materialicen buenas intenciones, como la del presidente Barack Obama, quien planteó la posibilidad de que 100 mil jóvenes líderes de las Américas realicen estudios universitarios en las mejores universidades de Estados Unidos y viceversa. Para esto debemos ser bilingües. Destaco también la propuesta del presidente Juan Manuel Santos de crear un “sistema educativo americano”, similar al europeo, para que la calidad de nuestras universidades sea certificada y acreditada, y que los estudiantes y profesores tengan movilidad y enriquezcan su formación profesional.

Gracias al acuerdo suscrito entre el Gobierno de Panamá y el empresario Mark Zuckeberg, el internet será un derecho humano accesible a todos. Esto permitirá el desarrollo de aplicaciones mediante el uso de esa plataforma virtual, de forma que sin que importe la distancia las personas serán tocadas por la educación.

Todos estos temas han sido debatidos en diversos foros, y no son ajenos a nuestras universidades, conscientes de que deben renovarse. Sin embargo, falta voluntad política para que los presupuestos las provean de suficientes recursos económicos y se posibilite la movilidad y la aplicación de tecnologías de la información y comunicación, para lograr el desarrollo sostenible de los pueblos. Requerimos líderes que piensen en las futuras generaciones, no políticos que miren las próximas elecciones.

Cuarenta y ocho minutos

Los más esperados en la Cumbre de las Américas fueron Barack Obama, Raúl Castro, protagonistas principales de la película, secundados por Nicolás Maduro. Cada uno vino con su libreto y su glamour. Al primero le tocó expresar su mea culpa por los errores históricos que ha patrocinado Estados Unidos (EU) en América Latina, mediante su política exterior, en apoyo a regímenes que no eran los mejores alumnos en asignaturas democráticas, contrario al norte de su pensar como nación, que tanto se pregonaba en la Constitución Política.

Obama reconoció problemas domésticos ligados al surgimiento de su país, desde el oprobio de la esclavitud hasta la lucha por los derechos civiles que no eran más que los que comulgaban con los principios de la Organización de las Naciones Unidas.

Por su parte, Castro dijo que su participación en el escenario internacional era muestra de su solidaridad para que otros países fueran “dueños de su destino” e hizo hincapié en su colaboración con las brigadas de salud, y que Cuba había dejado de ser el utópico “exportador de revoluciones”. Ambos mandatarios aceptaron que el camino de la reconciliación será largo y tortuoso, sin embargo, a diferencia de otros socios ideológicos de Cuba, Castro remarcó que cree en la honestidad, la buena fe y en la intención de Obama.

El concierto de las naciones latinoamericanas aceptó que fue una política errada excluir a Cuba del panorama regional, aunque muchas fueron cónsonas con no agraviar a EU y apoyar al país del Caribe, para evitar sanciones por extensión o por mera complacencia o adhesión a las prácticas emanadas del manual de conducta política de Washington.

Panamá, por tratar de ser un buen anfitrión, no se atrevió a cuestionar el actuar de EU con respecto a las políticas aplicadas otrora, ni siquiera se atrevió a pedir explicaciones con respecto a las intervenciones en nuestro país, sobre todo, la del 20 de diciembre de 1989, y las indemnizaciones morales y económicas. Coyuntura que sí aprovechó Venezuela, como argumento panfletario de Nicolás Maduro –considerado el enemigo público número uno–, para vender el peligro de una intervención que le fue pronosticada por motivos de su política interna.

En tanto, los mandatarios de Bolivia y de Ecuador se ensañaron y confabularon contra EU, cuyo Presidente tuvo el valor de poner la mejilla, con estoicismo o indiferencia, mientras era cuestionado debido a los desaciertos históricos, algunos reales y otros infundados.

En el caso de Evo Morales y Rafael Correa, parece que no tuvieron tiempo para adaptar sus guiones a la realidad que se veía inminente del estrechón de manos entre su mentor político, Cuba, y la nación que simboliza el imperialismo. No había retórica valedera, no entendieron que estaban en un convivio de camaleones.

Estados Unidos perdió la oportunidad de revertir, de manera pública, en el panorama internacional el alegado decreto sancionatorio contra Venezuela, quizá para no ceder y conceder demasiado en un solo día y, con ello, darle oxígeno a Maduro.

El cambio con respecto a Cuba es para quitarle la vigencia en ciertos tópicos (fuera del aspecto ideológico) que le había hecho acreedor de adeptos y de una simpatía internacional que iba in crescendo. Esto no es un regalo, se lo ganaron con su perseverancia. Aunado a ello, EU comprendió que ahora hay nuevos temores y amenazas reales, que comparados a su enemistad con Cuba –entendido en el argot panameño– la hacen ver como una pugna entre Calle Arriba y Calle Abajo, para la época del Carnaval.

Panamá, como escenario de este pacto internacional, ganó vigencia, porque tanto Cuba como Estados Unidos confiaron en su destino de amigable componedor para empezar a sanear los conflictos propiciados por la manera de ver los aspectos políticos económicos de cada una de las partes.

Los mandatarios de las demás naciones, aunque dieron la impresión, no fueron simples convidados de piedra en esta cita que logró imantar en sus objetivos a todos en un solo haz, aunque fuera de ideales.

Parafraseo a Juan Carlos Varela, quien al referirse al tenor y extensión del discurso de Raúl Castro, dijo que era “un acto de justicia histórica”, por el voto de silencio que le impusieron durante tantos años Estados Unidos y sus seguidores, como parte del bloqueo a la isla.

Cumbre, ¿éxito o fracaso?

Hoy día se habla a través del dinero, de las armas o de las ideas. De esto se puede colegir que hay gobiernos plutócratas, militares y demócratas. Pregunto: ¿Qué propósito habría en propiciar reuniones con gobiernos que hablan diferentes idiomas, si no lograran entenderse?

Con todo, pudiera ser que a pesar de que no hablen el mismo idioma, logren cierto entendimiento a través de la comunicación por señas. Esto no haría sino evidenciar su interés en consensuar ciertas tendencias para lograr lo que a la postre sería una paz efímera o un mero protagonismo político.

Ralph Waldo Emerson dijo: “Solo los que construyen sobre ideas construyen para la eternidad”. Infiero, pues, que a quien no le interesen las ideas no le interesará, por ende, la eternidad. Mucho menos la democracia, porque esta se sustenta en las ideas que perpetúan la verdadera paz.

Tal vez a esto se deba que en American Sniper (El Francotirador) se diga que “hay tres tipos de personas en este mundo: ovejas, lobos y perros pastores”. Las ovejas creen que no existe el mal y su mundo solo gira en torno a su “lana”. Los lobos son los malos y, así como el mundo de los lobos gira en torno de sus afilados colmillos para depredar, así el de los malos se mueve en torno a sus afilados cuchillos, espadas, sables y fusiles para devorar la carne y la sangre de los débiles. Y los perros pastores son los buenos que han asimilado la impronta o idea de cuidar o proteger. Ellos se deben a la protección de los débiles.

No soy político, soy un hombre que observa, por ejemplo, cómo a un niño cansado y hambriento, tras su jornada escolar, el Metro Bus no le para a pesar de que él le haga señas al chofer. En una policlínica escuché decir a unos enfermos que esperaban desde hacía rato sus medicinas que lo menos que les interesaba en esos momentos eran Barack Obama, Raúl Castro o Nicolás Maduro. También escuché a un comentarista radial preguntarse, ¿cómo es que cierto país, que en estos momentos experimenta graves problemas de inundaciones, discuta sobre la despenalización de las drogas? Y esto no es lo único en que pierden el tiempo ciertos países, mientras los débiles sufren toda clase de vicisitudes.

Como un cristiano (creyente) más de este país, lo único que puedo decir es que de la misma manera que Dios le pedirá cuentas a un padre o una madre por cada lágrima que vierta un niño innecesariamente, de esa misma manera Dios le pedirá cuentas a cada gobernante por el tipo de prioridad que gestionó su administración. La recién finalizada Cumbre fue un ¿éxito o fracaso? Usted decida.