Noriega El “Supravarón” Y La Crónica Del Perdón Que Divide A Un País

 ‘Lo conozco, fue subalterno mío, y sé que fue de buena intención. Pero sus palabras han caído en terreno estéril', relata a La Estrella de Panamá el general retirado Rubén Darío Paredes, un día después de que Manuel Antonio Noriega —la última cabeza de la dictadura— robara la atención mediática con una proclama nunca esperada: 25 años después de derrumbado su emporio militar, sentado en una silla pequeña y encandilado por la luz de una cámara, leyó un manuscrito de disculpa.

La interpretación de Paredes es que las reacciones tras las declaraciones de perdón han reavivado los rencores aún frescos.

Tal como en los años 80, el reconocimiento del error de Noriega, ha revivido afectos y desafectos a la etapa militar que se iniicó con el golpe de Estado de 1968.

Algunos tibios, otros coléricos o contradictorios, los comentarios sobre las declaraciones del exmilitar oscilan desde el rechazo a la impunidad de los exmilitares, el ardor por las heridas que la dictadura dejó, y la indiferencia del 40% de la población, que no vivió la época totalitaria ni la invasión que acabó con ella.

La familia de Moisés Giroldi, uno de los caídos en la masacre de Albrook, aseguró que para ‘cerrar el ciclo' Noriega debería disculparse personalmente. ‘En mi familia nunca hemos dejado de pensar (en los sucesos del 3 de octubre de 1989, la masacre en Albrook), pero ya no le guardamos rencor', dijo el primogénito del fenecido militar a este periódico.

Giroldi cayó muerto tras recibir una ráfaga de balas en el cuartel de Tinajitas, en San Miguelito, destruido casi cuatro meses después por las tropas estadounidenses.

‘No lo sentí sincero (…) que nos pida perdón cara a cara… que la gente se dé cuenta que está arrepentido', insistió Karina Ortega, hija del sargento Ismael Ortega. ‘No ha contado dónde están los muertos', prosiguió.

Noriega ha asegurado que su petición de perdón es el primer paso antes de revelar sus verdades sobre los hechos por los cuales ha sido señalado. La justicia le ha culpado y condenado a treinta años de prisión por la muerte de Hugo Spadafora, de Humberto Macea y de las víctimas de la intentona golpista de Albrook, y aún espera para procesarlo por el caso del sindicalista Heliodoro Portugal.

¿EN RUTA HACIA CASA?

Lo que ha hecho Noriega no elimina sus pendientes con la justicia, considera Aurelio Barría, una de las figuras más visibles de la otrora Cruzada Civilista, activada después de las revelaciones que desde dentro de la cúpula militar hizo Roberto Díaz Herrera.

‘Ricardo (Arias Calderón), mis hijos y yo lo hemos perdonado', asegura la exlegisladora Teresita de Arias.

El constitucionalista Miguel Antonio Bernal, otro de los opositores a la dictadura, ha insistido, por otro lado, en que el país debe mantenerse firme en que la verdad salga a la luz ‘y que no se maneje con rencores'.

Hay muchas verdades pendientes: además de los muertos sin culpables, por años se ha especulado sobre los apoyos políticos y empresariales que tuvo Noriega cuando dirigió de facto el país.

Pero la gente —insiste Paredes— ‘percibe que detrás de las declaraciones de Noriega hay un ardid, un anzuelo'.

¿Cuál? Karina Ortega dice tener la respuesta: ‘Lo veo como una estrategia. Él quiere casa por cárcel, porque aquí, en Panamá, esa es la moda', indicó.

El hombre que gobernó con mano de hierro el país quiere ir a casa, después de un cuarto de siglo en prisiones por todo el mundo. La federal de Miami, La Santé de París, y El Renacer, en Panamá.

Si fuese por el expresidente Ricardo Martinelli (2009-2014) eso ya habría ocurrido. ‘Un hombre arrepentido debe tener un país que lo acepta y perdona', aseguró en su cuenta de Twitter , su trinchera desde que se refugió en Miami, por los procesos judiciales que le han abierto localmente.

— ¿Por qué no lo hizo? (darle la medida de casa por cárcel)—, le replicó un usuario.

— No se había arrepentido ni había pedido perdón—.

Las redes sociales midieron la respuesta de la gente común. Para ‘Melva Pedreschi' lo de Noriega fue ‘un gran paso'. ‘Nunca pensé que vería esto', replicó ‘Monserrat', desde un tuit. ‘José Jaén', sin embargo, reclamaba por su tía: ‘explícame por qué torturaron, violaron y fusilaron a mí tía Dora Moreno Jaén (asesinada en 1969, tras ser detenida)'.

EL SUPRAVARÓN

Tres años después de la extradición de Noriega, el presidente Juan Carlos Varela sostiene que los panameños han superado esa etapa, aunque dice que debe haber conciliación con las familias que ‘aún buscan la verdad'.

‘El perdón que ofreció ayer es una parte de todo un proceso que como pueblo tenemos que ir haciendo, con mucho dolor, pero que también nos va a ayudar a sanar', ha dicho el arzobispo metropolitano José Domingo Ulloa.

¿Está el país listo para hacerlo? ¿Con eso se cierra el ciclo de la dictadura?

Noriega apuesta a que sí. La mayor parte de sus detractores apuntan a que no. Para Paredes, la vehemencia del exgeneral hace pensar que ‘todavía cree que es un supravarón'.

JUSTICIA PANAMEÑA

¿Qué tanto debe responder Manuel A. Noriega?

El exdictador Manuel Antonio Noriega tiene pendientes tres procesos judiciales por los homicidios del soldado Evertt Kimble Guerra, el sindicalista Heliodoro Portugal y el exmilitar y activista panameñista Luis Antonio Quiroz.

Sobre el caso Portugal, el 20 de mayo pasado el Segundo Tribunal Superior de Justicia había llamado a audiencia preliminar, aunque por impugnación de la defensa de Noriega, el abogado Ezra Ángel, la diligencia fue suspendida.

Su argumento es que en virtud del acuerdo que permitió la repatriación del ex hombre fuerte, lo único que aquí puede hacer es cumplir condena por el asesinato de Hugo Spadafora y Moisés Giroldi.

Además del ex líder militar, Melbourne Walker, Moisés Correa, Aquilino Sieiro Murgas, Pablo Garrido, Lucinio Miranda, Pedro Del Cid y Gabriel Correa están siendo imputados. La Cruzada Civilista también ha señalado a Noriega por la muerte de Héctor Gallego y Rita Wald.

 

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