Diferencias entre el PRD y panameñismo, entre farsa y realidad

Era la jornada del 31 de octubre pasado, fecha en que debía realizarse la última sesión plenaria de la Asamblea Nacional. El encuentro, que está normado por mandato constitucional, no se realizó.

Hubo reuniones, encuentros paralelos, propuestas, contrapropuestas, análisis, versiones oficiales, conferencias de prensa y de todo. Lo único que no se concretó fue la sesión plenaria. El presidente, Rubén De León, no firmó el orden del día, requisito indispensable para realizar el encuentro.

Hasta hubo quienes se atrevieron a decir que algunos de sus copartidarios (PRD) mantuvieron al diputado De León ‘secuestrado' en el Salón de la Presidencia. Que no lo dejaron salir y tampoco le permitieron que hiciera llegar al salón del pleno el orden del día en el cual se haría la convocatoria al encuentro legislativo de clausura.

NUEVA MAYORÍA

Hace un año y medio, se pactó la Nueva Mayoría, PRD-panameñismo.

La alianza ha mantenido por dos años a Rubén De León, del PRD, como presidente de la Asamblea.

En el pleno legislativo, como nunca, había quórum más que evidente, la mayoría de los diputados estaba allí. Hasta Sergio Gálvez asistió al recinto, pero se quedaron esperando hasta que el reloj marcara la media noche. El presidente nunca apareció, la sesión no se realizó y el periodo de sesiones ordinarias llegó a su término sin cumplir con los puntos protocolares que están establecidos en el Reglamento de la Asamblea Nacional, que es Ley de la República. Tampoco se informó al presidente de la República, Juan Carlos Varela, como se debía hacer.

LA FALLIDA ELECCIÓN

El motivo de la accidentada jornada fue la elección del nuevo magistrado del Tribunal Electoral, el que debe llegar en enero a remplazar a Erasmo Pinilla.

Según las versiones oficiales, los panameñistas se mantenían en que Alfredo Juncá debe ocupar el cargo, pero la bancada del PRD se había decidido por Raúl Rodríguez.

En esa fecha se reunieron los 26 diputados del PRD, encuentro que hace más de un año no se realizaba, pues los conocidos diputados disidentes que lidera Pedro Miguel González y que apoyan al panameñismo, se negaban a asistir a las reuniones de bancada.

El encuentro no fue del todo agradable. Ausencio Palacios, jefe de bancada, Agustín Guardia e Iracema de Dale, amenazaron con darle a González una ‘sopa de su propio chocolate'.

La intención inicial era rebelarse y no apoyar la propuesta del partido. Optarían por apoyar a Juncá, del panameñismo.

No serían los únicos, otros harían lo mismo, lo que motivó que González hiciera una contrapropuesta, en este caso Yara Campo.

Al final, les tocó a todos salir unidos ante los medios de comunicación y pedir más tiempo para tomar una decisión.

¿FRICCIÓN POLÍTICA?

No se había secado aún la tinta del acta del Congreso Nacional del PRD en el que Pedro Miguel González se alzó con el triunfo cuando ya ocurría la primera acción que daba luces de que se empezaba a manifestar un aparente distanciamiento de la nueva dirigencia con el oficialista partido Panameñista, tal y como lo había dispuesto el Congreso Nacional.

Romper cualquier lazo con el varelismo y con Ricardo Martinelli, fue el reclamo de las bases y los delegados al Congreso.

No puede ‘haber lugar a dudas', sentenció Benicio Robinson después de que se hiciera oficial el triunfo.

Por estrategia política, González, Robinson y los demás saben que no pueden llegar aliados al panameñismo en 2019. Sería como cargar con todo el lastre que le han generado 28 meses de gobierno.

Es un secreto voces que la alianza entre diputados perredistas y el oficialista partido Panameñista es un ‘matrimonio de conveniencia'.

El propio Ernesto Pérez Balladares, quien se enfrentó a Pedro Miguel González por el control del partido, le pidió a la Contraloría General de la República investigar la manera en que se manejan los contratos de personal en la Asamblea Nacional, ante indicios de que se utilizaron para nombrar a los delegados. No hubo investigación.

En el PRD, hay quienes apuestan a que esto es una pelea momentánea y que más tarde que temprano llegarán a un acuerdo en el cual nadie salga derrotado.

La opción que se baraja para alcanzara ese acuerdo sería apostar por Yara Campo o alguna de las mujeres (Ceila Peñalba o Sharon Sinclaire de Dumonoir) que están en la lista de aspirantes a magistrado del Tribunal Electoral.

Ahora los diputados tienen dos meses para encontrar la manera de ponerse de acuerdo, quedar bien ante la opinión pública y mantener, de una manera velada, lo que algunos han denominado ‘matrimonio de conveniencia' en la Asamblea.

Mientras esto sucede, los diputados de Cambio Democrático se convierten en otra opción.

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