Tercer período legislativo: ‘lo mismo, | pero peor’

Un escenario deprimente y poco esperanzador fue lo que vio y escuchó el pueblo panameño el pasado 1 de julio de 2016, con motivo de la instalación de la Primera legislatura, del tercer período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional y del informe a la Nación del presidente de la República.

En efecto, lo que debió ser un acto de reafirmación democrática de separación de poderes, de balance, de pesos y contrapesos, propios de una democracia que se robustece y; de una alocución presidencial llena de ‘buenas nuevas ' para las mayorías nacionales —porque las minorías poderosas se defienden solas— lo observado por la ciudadanía en general fue un acto bochornoso, donde la ‘clase política ' panameña expresa una vez más que su único propósito es utilizar el poder político del Estado para usufructo propio, de sus familiares y allegados políticos y, donde las necesidades y carencias del pueblo no cuentan en lo absoluto.

Los diputados, por su parte, agregaron una cualidad más a su largo prontuario de politicastros, ahora también son arlequines políticos, con esta última ‘cualidad ' muchos de ellos pretendieron ‘explicar ' su voto en la escogencia de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional (presidente, primer vicepresidente y segundo vicepresidente), en circunstancias en que la mayoría de los panameños sabía de antemano que sus decisiones estarían motivadas por mucha macuquina procedente de la ‘Casona de San Felipe '.

Por otro lado, los ciudadanos esperaban que el mandatario del país procediera, en esta especial ocasión, a analizar las formas como atendería la solución de los agobiantes problemas que abruman el diario vivir del panameño de a pie. Por ello constituye una gran decepción el hecho de que el jefe del Estado no se refiriera en su comparecencia en la Asamblea Nacional a la grave crisis de salud que vive la Nación, que ha producido la hospitalización de 1500 personas y 42 muertos a causa de la afectación del virus A (H1N1). Como tampoco a la necesaria transformación del sistema educativo (Reforma Educativa); a la crisis del agua potable —decenas de comunidades no cuentan con el suministro del vital líquido—, mientras que de la producción de las plantas potabilizadoras del Idaan se pierde el 40 %; no mencionó la terrible situación del sistema de transporte metropolitano terrestre de pasajeros (‘diablos verdes ', cuyo dueño es, supuestamente, un diputado, y de los ‘piratas '). Como tampoco hizo alusión al abandono total del sector agropecuario y el consecuente aumento de la Canasta Básica de Alimentos (B/.304.12, enero de 2016), del aumento indiscriminado (especulación) del costo de vida; del deterioro del mercado de trabajo, con más del 40 % de informalidad laboral y una significativa precariedad salarial.

La situación del sector agropecuario, a causa del abandono de los Gobiernos postinvasión, es alarmante. Mientras que en la década del 50 del siglo pasado la participación del sector en el PIB fue de 25.4 %, hoy solo participa con un ínfimo 0.4 % (2015), se entiende que Panamá es un país de crecimiento medio, cuya participación en el PIB no puede ser la de 1950, pero tampoco es suficiente la del 2015. Un plan racional y científico para el sector sería ubicarlo en, al menos, 5 % del PIB.

También es inadmisible, aunque se trata de un tema coyuntural, que el Gobierno permita la especulación que se está dando en el precio de la cebolla un rubro regulado. En Panamá se consumen 500 000 quintales de cebolla anuales y se cultivan 450 000 quintales, de modo que se deben importar aproximadamente 50 000 quintales anuales, por lo que no se justifica el supuesto desabastecimiento del mercado para propiciar el incremento ilegal y arbitrario del precio de este bien, que de un precio regulado de B/.0.60 la libra ahora se comercializa al detal a B/.1.50 la libra.

La causa de la especulación salvaje en el precio de los alimentos, medicina y de otros productos de primera necesidad no se debe a la acción de la ‘mano invisible ', sino a la falta de coordinación interinstitucional de los entes del Gobierno y a la invisibilidad del presidente, quien no ha jugado el papel de ‘director de orquesta ' gubernamental.

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