Es legal, pero inmoral:

Etiquetar y asumir el pago de impuestos es la más efectiva cadena que le permite a los países sobrevivir y dar soluciones inmediatas a sus pueblos en materia de salud, viviendas y otras emergencias que puedan acontecer en el día a día.

Evadir el pago de impuestos, mediante las artimañas de las empresas offshore, se puede calificar como un acto criminal y, aunque legalizado por absurdas leyes, no deja de ser un atentado directo y mortal a los países que manejan presupuestos confiados en la recaudación de impuestos.

La pregunta es: ¿pueden los poderosos hacer millones de dólares o de euros en sus países de origen y sacudirse del pago de impuestos mediante la absurda maquinaria offshore que permite el traslado de sus fortunas a paraísos fiscales?

Mucha tinta e imágenes han corrido desde que se levantó el telón y quedó al descubierto el escándalo mundial de los offshore. Periodistas internacionales y verdaderos profesionales se dispusieron a destapar la olla de grillos que ha sacado la gran verdad de muchas grandes y medianas empresas a las que, sin importarle haber recaudado fortunas en sus países de origen, vilmente como pandilleros de tercera fila, encontraron la fórmula para evadir el pago de impuestos.

Los personajes que aparecen en el listado publicado en todo el mundo han cometido un crimen imperdonable. La historia podrá recoger sus actos en páginas oscuras, que no están numeradas, porque el capítulo final todavía está en proceso de ser editado y publicado.

Basta ya de ser países idiotizados. Para que las naciones se desprendan de estas demenciales y nefastas leyes, que legalizan la evasión de impuestos, lo moral es derogarlas, de punta a punta, y hacer una nueva legislación que condene con fortaleza cualquier intención de evadir el pago de impuestos.

Algunas firmas de abogados continúan con su patrón de conducta para salvar las fortunas de los poderosos. Parecen tener la inteligencia cuadriculada, porque asesoran y defienden a sus clientes, con razón o sin ella, siempre y cuando le paguen bien por sus servicios.

Es bueno recordar el ejemplo de Al Capone, a quien, a pesar de cometer crímenes atroces, cuando enfrentó la justicia solo se le condenó por evasión de impuestos y murió en la cárcel.

Este ejemplo demuestra que en Estados Unidos, quien no declara sus rentas y no paga los impuestos va directo y a todo color rumbo al presidio.

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