En contra del examen de barra:

Panamá es uno de los países de la región con el menor índice de analfabetismo. Tal vez no tengamos el mejor sistema educativo del mundo, sin embargo, los seres humanos en ocasiones somos tan egoístas e inconformes, que nos pasamos la vida añorando lo que sabemos que está lejos de nuestras posibilidades, pero no agradecemos a Dios por lo que poseemos.

Veo que se intenta crear una ley para regular el ejercicio de la abogacía en Panamá, porque cada año se gradúan 900 abogados. Sin embargo, también se gradúan de secundaria más de 3 mil estudiantes que, en su mayoría, no tendrán la oportunidad de obtener un empleo decoroso y es muy probable que tampoco sigan la educación universitaria.

Si usted estudia, entre cuatro y seis años, una carrera universitaria, y obtiene calificaciones satisfactorias, no veo por qué debe someterse a otro examen para que alguien compruebe si usted aprendió o le obsequiaron la calificaciones. Eso sería antiético, porque pondría en duda la calidad de la enseñanza universitaria y, de forma indirecta, la honestidad del estudiante. Rechazo la propuesta por varias razones:

1. Es antiética y violatoria de la Constitución al crear un fuero, pues dudo que Toto Álvarez y comitiva tomen seminarios de actualización y menos pasen por el examen de barra, pues son colegas de larga data.

2. Someter al estudiante, después que culmina sus estudios a un examen, y a los que ya son idóneos a seminarios, es señalar que la Facultad de Derecho es mediocre y deficiente. Sería mejor designar una comisión que se acerque a las universidades para verificar si cumplen el plan académico.

3. No pienso que sea malo tener muchos abogados. Al contrario, eso hará que haya más profesionales que opten por puestos en el sistema judicial, que requiere más jueces, secretarios y funcionarios conocedores de las leyes.

Se señala que hay abogados poco preparados, sin embargo, estoy convencido de que no es así y que, por deficiente que sea la preparación, saben lo básico. De otra forma, no habrían culminado sus estudios. El examen y los seminarios son antidemocráticos, porque buscan limitar el estudio y la profesión del derecho, y el solo hecho de hacerlo obligatorio es antidemocrático. Es un derecho de cada quien capacitarse más y, también, es derecho del cliente elegir al abogado que cumpla con sus expectativas. El examen de barra y los seminarios responden a una agenda política, más que a una necesidad real.

 

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