Panamá, ‘un país del mañana’…

Creo que al leer estas primeras líneas los lectores pensarán que estoy hablando de nuestra nación como un ejemplo del futuro. Sin embargo se van a equivocar totalmente. Voy a hablar del Panamá presente donde todo debe esperar para al día siguiente o días posteriores. De un Panamá que desafortunadamente creía que la siesta era una costumbre sana y cree que hay que dejar para luego lo que puede hacerse de inmediato.

Afortunadamente lo de la siesta ya no es costumbre nacional porque la globalización no lo permite y apenas hay tiempo para almorzar, lo cual no es bueno tampoco, pero mejor que dos horas de siesta.

Soy consciente de que actualmente predominan los temas de la libertad de expresión, de los escándalos de corrupción y de lavado de capitales, de un presidente extranjero que para muchos puede traer conflictos a nivel mundial, de un reo que no se arrepiente de sus crímenes y manifiesta no haber tenido participación en los mismos y de otros temas de inmediatez mediática.

Sin embargo, de una forma u otra, todos estos temas pasarán al archivo judicial o al olvido ciudadano, temporal o permanentemente. ¿Pero qué de dejar para mañana cuando se puede hacer hoy? ¡Seguirá ocurriendo, si no le hacemos un alto ya!

Un país que requiere de un esfuerzo conjunto de sus nacionales y residentes para seguir adelante, más ahora que nunca, y así neutralizar todos los problemas presentes, no puede darse el lujo de dejar para mañana lo que puede hacer hoy. La competitividad internacional nos lo exige.

Al nivel gubernamental es casi una regla el que para obtener un documento, cualquiera, que con los adelantos cibernéticos debe estar en un banco de datos, se nos diga: ‘Venga a recogerlo mañana o dentro de un número plural de días’. Se comprende cuando se trata de documentos que requieren una revisión a profundidad o de una responsabilidad exclusiva. Pero documentos que, además de no ser gratuitos y deberían serlo, solo requieren de un par de minutos para imprimirlos y entregarlos, no hay justificación.

Si es por falta de personal y muchas las solicitudes por el servicio, entonces aumenten el recurso humano y atiendan como es debido. Incrementar el presupuesto para nombramientos adicionales no debe ser un problema, ya que como mencioné anteriormente, no son gratis. Por el contrario, a mejor y más expedita la atención al usuario mayor el ingreso a la institución involucrada y por tanto al Gobierno, pues el mayor número de documentos requeridos es para proceder con alguna transacción o actividad comercial o personal que produce a su vez otros ingresos monetarios al Estado. Su demora en entregarlos ocasiona todo lo contrario y una percepción de ineptitud o ‘poco me importa’ y obviamente, menos ingresos al erario.

Un ejemplo de atención o demora en ella son las de las notarías públicas. Y aquí el funcionario responsable tiene beneficios directos e inmediatos de la agilidad administrativa, tanto de su personal como de la suya. Las hay que en pocos minutos le entregan lo solicitado a sus clientes, muy bien por ellas. Hay otras que, sin embargo, utilizan la expresión antes mencionada de un retorno posterior y no exactamente ese mismo día. ¿Será que tienen demasiado movimiento de solicitudes? Entonces, aumenten el personal y permanezcan más tiempo en sus despachos o lleguen más temprano y así el beneficio es para todos.

A nivel de la empresa privada o de particulares también se presentan con frecuencia casos similares. Colaboradores que hacen varias funciones, atender al cliente, buscar el producto y cobrar la cuenta. Aquí no aplicamos el ‘venga mañana’ porque no funciona; pero, el que el cliente tenga mayor tiempo de espera, no beneficia en absoluto. Sin embargo, hay entidades financieras o comerciales donde, al solicitar un documento o estado de cuenta, le manifiestan sin reparo lo mismo que en las estatales. Y sumado a eso, cobran por el servicio, no solo por el costo de una copia simple.

¿Será que tanto los unos como los otros piensan que el tiempo y dinero de los usuarios o clientes no tiene precio, es decir, que no tienen valor? ¿Y qué de las pérdidas que por estas acciones poco primermundistas nos vemos diariamente obligados a aceptar? ¿Seguimos creyendo nuestra propia propaganda de que Panamá es el clon del Paraíso Terrenal? Claro que es un país privilegiado, pero necesitamos que continúe así y que, por favor, hagamos hoy lo que no tenemos que dejar para mañana.

Jorge Morales Quijano

 

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