El abogado de hoy

Los profesionales del Derecho y las Ciencias Políticas en pleno siglo XXI, debemos hacer una autoevaluación del ejercicio de nuestra profesión y aquellos que nos dedicamos a la enseñanza jurídica por vocación, logremos transmitir a los nuevos abogados metodologías de enseñanza con un pensamiento crítico y un aprendizaje fundado en valores con una perspectiva global sin fronteras.

En la actualidad se necesita abogados competitivos con habilidades diferentes a las aprendidas en siglo XX, ya no podemos ser ‘todólogos’ o conocedores de todos los temas es importante que el abogado se especialice en dos o tres áreas específicas del derecho, conocer técnicas de oralidad, argumentación, interrogatorio y contrainterrogatorio, redacción, ortografía, marketing jurídico y un comportamiento honesto integro y con ideas creativas, emprendedoras e innovadoras con amplio conocimiento del derecho y manejo de las nuevas tecnologías de información.

El abogado no solo debe serlo sino parecerlo, parafraseando la antigua expresión del emperador romano Julio Cesar, en algunos países es una solemnidad acudir a los tribunales y se viste a los jueces de toga y es una obligación para el abogado, vestir traje de calle para asistir a los juzgados, en nuestro país los profesionales del derecho acostumbran a vestir en saco y corbata, lo que les proporciona distinción y además sirve para proyectar una imagen profesional.

Una imagen que se debe alimentar de conocimientos continuos, asistiendo a congresos, seminarios, diplomados, conferencias porque el derecho es cambiante y evolutivo lo que obliga al abogado a ser un estudiante permanente como amante de la lectura y el estudio jurídico, promoviendo soluciones de los problemas a través de métodos alternos de resolución de conflictos como la mediación, conciliación y arbitraje, tratando de no judicializar los casos que representa a menos que sea rigurosamente necesario.

Vivimos en un país de relaciones, donde un profesional que busca ser reconocido por su prestigio y reputación debe aumentar su red de contactos y mantener una excelente relación con los medios de comunicación, no para influenciar a los jueces y fiscales sobre información mediática de sus casos, sino para promover el imperio de la ley y la aplicación correcta del derecho de una manera imparcial y justa e informar a la población sobre los nuevos cambios en las leyes.

Así pues, el abogado de hoy debe ser un profesional innovador, creativo en sus ideas que domine las técnicas de argumentación jurídica y la oralidad para expresarse correctamente en público y privado, pero además debe orientar a las partes a resolver sus conflictos o prevenirlos, más que enfrentarlos para lograr una convivencia pacífica dentro de la sociedad.

Con las nuevas tendencias de los sistemas acusatorio y de justicia comunitaria el rol de los nuevos abogados debe ser transformador brindando soluciones que generen el bienestar social, entre las partes y además de enseñanza y docencia comunicando las nuevas bondades de los sistemas implementados para desempeñar un rol constructivo en las relaciones de paz y armonía en el país.

El abogado debe ser un activo defensor de los Derechos humanos y propulsor del imperio de la ley, pero sobre todo debe comportarse con extraordinaria integridad, hacer el bien aun cuando no lo estén observando, ejerciendo la profesión con disciplina, trasparencia y equidad.

Por tanto, los abogados en general y las nuevas generaciones de juristas en particular debemos hacer un compromiso fundado en principios morales para inspirar la conducta diaria garantizando el respeto a la dignidad humana, la justicia y la paz social, adecuado a las nuevas tendencias fundada en valores, conocimiento e información que deben caracterizar al nuevo profesional del Derecho en Panamá.

DECANO DERECHO UIP

Virgilio Sousa Valdés