La recién instalada mesa del diálogo, para analizar la Ley 30, ha sido sujeto de descrédito por parte de uno de los sectores llamado Sindicato Único de Trabajadores. Esto lo dejó claro su máximo representante, en medios televisivos. Por su parte, el Gobierno ha reconocido que se equivocó de estrategia con la polémica ley.
Al parecer, ahora con todos los sectores del país más representativos analizando el tema, quien no tiene nada que perder es el propio Gobierno; sin embargo, aquellos que alzaron cruzadas basadas en la mentira, ahora le tienen terrible miedo al escaneo que obligatoriamente harán los miembros de la digna comisión. Si algo es malo -no importa quién lo estudie-, el resultado será el mismo.
Entonces, ¿cuál es el miedo? He leído dos informes; uno titulado La otra cara de la moneda y el último Crisis en Changuinola visto desde la otra acera, que le despelucan el cuerpo a uno. Hoy estos sectores hablan de un diálogo manipulado en el que irrespetan hasta a la Iglesia católica, lo que no es de extrañar, ya que imitan a sus ideólogos; tal es el caso de Cuba, por señalar a algunos que alimentan su filosofía.
La comisión de la verdad de Bocas del Toro aún no ha arrojado ningún informe, pero también desde ya le han restado credibilidad a la misma. Entre el cielo y el suelo no hay nada oculto; la verdad brotará de la tierra y la justicia vendrá de los cielos. La Ley 30 desenmascara las mentiras de los ambientalistas que lo único que pierden serán los miles de dólares que cobran haciendo estudios de impacto, que muchas veces son palancas de chantajes al desarrollo del país. Los policías son rehenes actualmente de su propio miedo; no se atreven a aplicar la ley, pues vale más un delincuente que viola a diario las normas, que quien las defiende. Si se deroga habrán triunfado los criminales, asesinos, violadores, vendedores de droga y las pandillas.
Los derechos obreros no están en juego; quienes sí quedan desnudos son los que se han aferrado a las dirigencias y han vivido de las cuotas sindicales luciéndose en autos de lujo. Solo hay que recordar a Mariano, tras la Toyota Fortuner de más de 42 mil dólares, en aquel robo que se diera hace poco. Las buenas comidas, los viajes y el estar distanciado de las botas amarillas, de la mano dura, hecha así por la faena, el no llevar la piel caricha por el cemento los separa de la mesa del diálogo, la cual miran con espanto porque como diría mi abuela la mentira tiene las patas afuera. Las tres críticas que se le hacen a la Ley 30 no tienen asidero y eso quedará demostrado. De los orientales hay que aprender la paciencia; los hechos en Bocas del Toro pueden ser risas convertidas en muecas. Cuando sepamos la verdad cambiará el rumbo de las cosas.
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